El pasado martes 20 de julio se cumplió la fecha indicada por la jueza del Tribunal Superior de Beverly Hills, Marsha Revel, en donde se sentencia a la joven actriz, Lindsay Lohan, a cumplir una pena de 90 días recluida en el centro penitenciario Century Regional Detention Facility.
Lohan cumplió la orden de la jueza de Beverly Hills, e ingresó a la unidad de reclusos con necesidades especiales, donde no podrá esconderse de las más de 2.200 cámaras que la vigilarán día y noche, siguiendo los pasos de su amiga Paris Hilton, con una estancia de cuarenta y cinco días; Lindsay tendrá suerte, y si continúa su buen comportamiento y gracias a la sobrepoblación de las cárceles del Estado de California, podrá salir en catorce días más.
Según el sitio estadounidense TMZ la actriz pasará aislada aproximadamente 20 horas al día y no podrá tener contacto alguno con las otras reclusas, de manera de evitar confrontaciones y otros peligros. Dentro de su estadía contará con una ducha cada dos días, y una ración de comida caliente diaria, las demás serán raciones frías y un kit básico de cepillo de dientes, pasta dental, jabón, peine y desodorante, entre otros.

Lohan se presentó en la tarde de ayer, acompañada de su madre y su abogado, vistiendo una camiseta gris, chaqueta negra, gafas de sol y notablemente cansada. La jueza, por su parte, con el fin de proteger la imagen de la joven, prohibió que los medios grabaran a Lindsay mientras se alejaba de las dependencias del tribunal esposada, para dirigirse a la cárcel.
La semana antes de su reclusión, la cantante fue sorprendida ingresando al centro de rehabilitación de drogas y alcohol, Pickford, en el oeste de Hollywood –Los Angeles- lo que causó la critica de todos los medios que relacionaron su ingreso voluntario, como un intento desesperado para evitar su entrada a prisión.
