
Se podría decir que la rinoplastia es una de las cirugías más comunes actualmente, a través de la que se busca hacer que la nariz devuelva la armonía facial al paciente. El resultado esperado es que ésta siga los rasgos estructurales de la cara. Es necesario destacar que no existe un tipo universal de rinoplastía que sea capaz de cubrir las necesidades de cada paciente. La cirugía debe ser diseñada para cada persona, teniendo en cuenta sus necesidades.
Cuando hablamos de rinoplastia, podemos referirnos a dos tipos de operaciones: la rinoplastia funcional o septoplastía, que es una operación de cirugía reparadora del tipo otorrinolaringológica (ORL), que consiste en reparar el tabique nasal de las personas que sufren dificultades respiratorias; o a la rinoplastia correctora, que es básicamente una operación de cirugía plástica, y de orden estético, que busca corregir problemas estéticos de la nariz. Por ejemplo: la giba ósea, que es el hueso que sobresale del dorso de la nariz y asemeja una joroba, las desviaciones hacia la derecha o izquierda de la totalidad de la nariz y las malformaciones congénitas.
Ya sea que la operación sea de tipo estética o funcional, es necesario tomar algunas precauciones antes de la cirugía. Las citas con el médico antes de la rinoplastia son clave para llegar a un resultado exitoso, ya que permiten al interesado manifestar sus expectativas. De la misma forma, le da la oportunidad al médico de proponer -con base en un examen físico y un análisis fotográfico- un plan quirúrgico con las soluciones reales a las que se puede llegar con esta cirugía. Esta parte es clave, ya que la rinoplastia modifica la forma de la nariz, y altera la armonía global de los rasgos: la mirada, la boca e incluso el mentón seguramente adoptarán un aspecto diferente.
La rinoplastia se puede llevar a cabo con anestesia general o local, dependiendo del tipo de modificación que se quiere hacer a la nariz (reducción del hueso, de las aletas o de los cartílagos). La cirugía dura entre una hora y una hora y media, y la hospitalización puede durar entre uno y dos días, dependiendo del paciente.
En cuanto al post operatorio y convalecencia de la rinoplastia, aunque siempre varía según el tipo de intervención y del paciente, es entre 8 y 15 días. Como la nariz estará bastante más frágil de lo normal durante aproximadamente un mes, generalmente se aconseja evitar ejercicios y deportes demasiado arriesgados.
Luego de la cirugía, el paciente debe permanecer en reposo durante los primeros días, preferentemente semisentado, ingiriendo abundantes líquidos (ya que se produce sequedad oral a partir de la respiración bucal), y tomando los analgésicos y otros medicamentos determinados por el cirujano.
Durante el primer control después de la operación (entre 48 y 72 horas luego de la rinoplastia), el cirujano retira el taponamiento y, si es necesario, reajusta el vendaje. La férula y el vendaje nasal se dejan, usualmente entre dos a tres semanas después de la cirugía, y posteriormente es necesario proteger la piel de la nariz con alguna crema fotoprotectora. De la misma manera, se recomienda someterse a masajes, para detectar recidivas de una desviación del dorso.
Dentro de los efectos secundarios de la rinoplastia están los dolores de cabeza, molestias respiratorias y la aparición de algunos hematomas pasajeros. Si el dolor persiste después de la cirugía, puede deberse a una infección, así que se debe estar atento y en constante comunicación con el médico tratante.
Aunque los primeros resultados satisfactorios de la rinoplastia son visibles al cabo de dos semanas, los resultados definitivos de esta cirugía sobre la nariz serán apreciables después de seis meses.
