Para llevar una rutina de belleza exitosa, el primer paso es conocer tu tipo de piel, a continuación te ayudamos a identificarla dándote las características básicas de cada tipo.
Piel Normal
La piel normal se distingue porque está equilibrada y se siente hidratada, pero no se ve brillante ni reseca; es tersa, flexible y resistente. También es muy fina, por lo que sus poros casi no se ven y resulta muy suave y aterciopelada al tacto. Si eres de las afortunadas con piel normal tu rutina es muy sencilla y fácil de seguir, pero no la descontinúes porque tu piel puede perder su hidratación y sus características naturales.
La limpieza, tonificación e hidratación son más que suficientes para mantener el balance natural de la piel normal, pero puedes acentuar su belleza aplicándote una sencilla mascarilla casera a base de lechuga. Para prepararla debes esperar que las lechugas estén maduras, o un poco pasadas incluso, porque sueltan el líquido con el que se prepara esta mascarilla. Al jugo que obtienes de la lechuga le agregas unas cucharadas de miel y unas gotas de jugo de limón, que revuelves hasta obtener una preparación un tanto espesa.
Una vez lista, la aplicas sobre tu piel y dejas que haga efecto por 15 minutos; pasado ese tiempo, la retiras con agua tibia y secas tu piel con una toalla suave dando pequeños golpecitos. Puedes repetir la aplicación de la mascarilla para piel normal una vez a la semana.
Piel Grasa
Esta piel tiene la epidermis mas gruesa y endurecida porque hay mucha más actividad de las glándulas sebáceas, lo que produce un exceso de grasa. Aún cuando pueda parecer positivo, porque la grasa evita la aparición de arrugas prematuras, es importante mantener un equilibrio.
Una buena idea para mantener tu piel grasa bajo control es una mascarilla de aceite de almendras con zanahoria. Para hacerla debes lavar y pelar las zanahorias, cortado la parte más blanda para dejar fuera el centro que es más duro; tritúralas y agrega dos cucharadas de aceite, la revuelves hasta conseguir una mezcla homogénea. Una vez listo, la aplicas sobre el rostro dejandola actuar por 15 minutos, luego la retiras con agua tibia y la secas con una toalla dando suaves golpecitos. Puedes repetir la aplicación una vez a la semana.
Piel Sensible
Es delicada, un poco seca y con alta reacción alérgica a productos nuevos. Se ve afectada por cambios de temperatura, por el uso de cosméticos o de cualquier producto abrasivo, que le causa enrojecimiento y en ocasiones inclusive presenta vasos sanguíneos visibles.
Para cuidar la piel sensible, puedes preparar una mascarilla a base de huevo. Es muy fácil, solo bate un huevo, agregarle un plátano molido y una cucharadita de miel; luego mezclas todo hasta obtener una mezcla homogénea, que se vea cremosa y por último, espésala con harina de avena, aplícala y déjala actuar por 20 minutos, luego la retiras con agua tibia dando golpecitos en la piel. Puede hacer esto tres o cuatro veces a la semana.
Piel Seca
Este tipo de piel se encuentra muy expuesta, por lo que es fina, sensible y tiende a presentar arrugas prematuras, pero se encuentra casi completamente libre de acné y puntos negros, no obstante quieres equilibrar la hidratación y para eso tenemos una excelente receta:
Machaca una palta y agrégale un poco de aceite de oliva, mézclalo bien y aplícalo en tu rostro, déjala actuar por 15 minutos, enjuaga con agua fresca y seca dando golpecitos con la toalla.
Esto lo puedes hacer tres o cuatro veces a la semana hasta ver mejoría, después disminuye la rutina a una vez a la semana.

