Más que sólo estrés: ¿Qué es la Disautonomía?


Estoy estresada” es una de las frases más comunes entre las mujeres hoy en día. Sin embargo, a veces los síntomas que generalmente se agrupan para determinar un estado de estrés pueden significar otra patología bastante más delicada, denominada disautonomía.

Básicamente, la psicología define la disautonomía como una respuesta del sistema nervioso ante cualquier situación que se percibe como una amenaza. Explicada de otra manera, esta enfermedad consiste en un grupo de trastornos provocados por un mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo (que es responsable de regular automáticamente funciones como el pulso, la presión, la temperatura y la respiración).

Entre las enfermedades que “conforman” la disautonomía, se incluye el síncope de origen neurocardiogénico, el síndrome de taquicardia postural (POTS), el fallo autonómico puro (FAP), la hipotensión mediada neuralmente, la intolerancia ortostática (OI), el prolapso de la válvula mitral, la inestabilidad autónoma, la atrofia multisistémica (síndrome de Shy-Drager) y síndrome de fatiga crónica, entre otras.

Si bien es un trastorno más bien complejo, los síntomas más comunes son simples. Aquellas personas que sufren de disautonomía están constantemente con sueño, se cansan fácilmente y la mayoría siente que después de medio día ya no tienen energía. Además, algunos síntomas concretos de la disautonomía son:

  • taquicardia
  • bradicardia
  • palpitaciones
  • dolor en el pecho
  • presión sanguínea peligrosamente baja
  • cambios amplios y/o bruscos en la presión
  • mareos
  • desmayos o estados pre-síncope
  • problemas gastrointestinales
  • nauseas
  • insomnio
  • falta de aliento
  • ansiedad
  • temblores
  • micciones frecuentes
  • convulsiones
  • empobrecimiento cognitivo
  • visión borrosa o en túnel
  • y migrañas.

La disautonomía es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona, sin embargo, generalmente se detecta más en mujeres que en hombres. Estudios han mostrado que entre los pacientes que sufren de disautonomía hay un hombre por cada 20 mujeres, supuestamente la diferencia está en que los hombres, por su estructura física, suelen ser más resistentes al estrés.

Detección de la disautonomía

Debido a que los síntomas más conocidos, y por los que se consulta generalmente, son el cansancio crónico y a la sensación episódica de debilidad, muchas veces ocurre que se hace un diagnóstico erróneo de depresión, fibromialgia, fatiga crónica, hipotiroidismo o hipoglicemia. Sin embargo, el mal diagnóstico de la disautonomía deriva en que el paciente puede terminar con una calidad de vida bastante pobre, ya que se encontrará en constante estado de somnolencia, cansancio y decaimiento. De la misma forma, es posible que sufran mareos al moverse de manera muy brusca, dolor de cabeza y náuseas.

Las personas con disautonomía tienden a sentirse mal, débiles, cansados, sin ánimo, y encerradas en sí mismos. Físicamente se les ve pálidos y con los párpados caídos. El diagnóstico de esta enfermedad se realiza comúnmente con la prueba de la mesa inclinada o test de Tilt. Recientemente se creó el “ANSiscope”, un dispositivo que permite medir de forma no invasiva cómo se relacionan los sistemas simpático y parasimpático, y evaluar cuantitativamente la disfunción en el sistema nervioso autónomo del paciente.

Tratamiento de la disautonomía

Aunque todavía no se ha encontrado una cura para la disautonomía sí existen hábitos que sirven atenuar la enfermedad, habitualmente se recomienda cambiar el estilo de vida para controlar el estrés, llevar una rutina adecuada de ejercicio, mejorar la higiene de la postura.

Otros consejos más específicos son:

  • Evitar estar de pie por tiempo prolongado. Si no se pude evitar, hay movimientos que alivian los síntomas de fatiga y síncope, como cruzarse de pies, empinarse y saltar repetidamente, poner un pie delante del otro y después cambiar de pie, agacharse, enculillarse o poner la pierna estirada sobre una silla.
  • Evitar caminar despacio por tiempo prolongado.
  • Al sentarse hay que mover pies y rodillas frecuentemente, además de pararse y caminar. De vez en cuando adoptar la posición en hiperflexión de pecho a rodilla y/o cabeza entre las rodillas.
  • Reposar acostado después de almuerzo, aunque sea por 15 minutos. Es necesario hacer esto también cada vez que se reconozcan los síntomas de disautonomía.
  • Evitar la deshidratación.
  • Si no tiene presión arterial elevada o daño al riñón, se puede aumentar la sal en las comidas, ya que ayuda a mejorar el retorno venoso (consulte a su médico).
  • Practicar ejercicio aeróbico moderado. Son especialmente beneficiosos los ejercicios en que se permanece progresivamente de pie por períodos más largos y ejercicios en el agua.

También existe el tratamiento farmacológico para la disautonomía, pero es complejo, ya que se hace desaparecer ciertos síntomas, pero hay otros que pueden empeorarse. Entre los medicamentos que se utilizan para tratarla destacan la fludrocortisona, la midodrina y la efedrina, entre otros. Dado que no hay un solo tratamiento, generalmente se adecúa para cada caso dependiendo de sus afecciones.

La disautonomía es una enfermedad relativamente frecuente, pero que usualmente no es diagnosticada y acarrea un sinnúmero de problemas, derivando en mala calidad de vida al paciente. Por todo esto es sumamente importante estar atentos a los síntomas, para detectarla de manera correcta, y así tratar la disautonomía y sus complicaciones de la mejor manera posible.